El Reino de Aragón y el Santo Grial: Más de once siglos caminando juntos
Según el evangelio atribuído a San Marcos, el más breve y antiguo de los cuatro reconocidos oficialmente por la iglesia católica, escrito en griego y datado por algunos estudiosos entre los años 65 y 75 de nuestra era, el Santo Cáliz o Santo Grial es la copa que utilizó Jesucristo durante la Última Cena, la misma que, según una piadosa tradición, usó más tarde José de Arimatea para recoger parte de la sangre vertida por Jesús tras su crucifixión. A partir de este hecho, todo un mundo literario-espiritual ha acompañado a esta copa sagrada, casi mítica, considerada un recipiente mágico con poderes sobrenaturales por unos, fuente de la vida eterna por otros, la mayor de las reliquias por los cristianos, el vaso de la verdad y de la sabiduría por los teósofos, el descubrimiento de los secretos del alma por los místicos, e incluso la piedra filosofal por los herederos de los alquimistas medievales. También ha sido fuente de numerosas leyendas y obras caballerescas medievales, historias apasionantes cargadas de emoción y fantasía, intrigas y misterios que nos trasladan a remotos lugares, la misteriosa reliquia siempre buscada por caballeros legendarios que durante los siglos oscuros siguieron su rastro.
El Santo Grial que San Lorenzo ordenó traer a Huesca en el año 258, y que actualmente se venera en la Catedral de Valencia, está formado por la conjunción de tres partes bien diferenciadas y hábilmente ensambladas entre sí, que le otorgan un bello aspecto:
●  El vaso superior, el verdadero Grial, es un vaso de ágata cornalina oriental, en forma de media esfera, de 9,5 cm de diámetro, 7 cm de altura y 5,5 cm de profundidad en su interior, de superficie lisa y carente de adornos, salvo una leve línea incisa paralela al borde superior. Aunque la influencia de la cinematografía centrada en el Santo Grial, puede inducirnos a pensar que la copa "del hijo del carpintero" debía estar hecha de madera y no de una piedra semipreciosa, la realidad es que ya entre los romanos, y también entre los judíos de entonces, era habitual disponer de una copa de cierto valor, llamada por estos últimos "la copa de bendición", el vaso más rico que poseía la familia, y que era utilizado en celebraciones especiales, como sin duda lo fue la que tuvo lugar aquel día.
●  La pieza inferior, que conforma el pie, es una naveta o vaso califal del siglo X, colocada boca abajo, en una de cuyas vertientes mayores aparece la inscripción en árabe cúfico "lilzáhira", que es una referencia al Palacio de Medina Azahara de Córdoba, y que indica claramente su origen. Tiene forma ovalada, es del mismo material que el vaso superior, aunque de inferior calidad, y junto con la montura de oro burilado conforma el relicario, que debió ser añadido al conjunto cuando el Santo Cáliz era venerado en San Juan de la Peña, con la intención de magnificar la sagrada reliquia. Sobre la guarnición de oro que envuelve el pie, aparecen montadas veintiocho perlas, dos rubíes y dos esmeraldas, que debieron ser sobrepuestas durante su estancia en San Juan de la Peña o tras su posterior traslado a Zaragoza.
●  La montura de oro burilado, que une ambos vasos, con hermosos grabados extraordinariamente trabajados, posee un nudo central y dos asas que le dan su característica silueta, y es una verdadera joya de la orfebrería medieval europea. El desembolso que debieron hacer los monjes de San Juan de la Peña por esta montura tuvo que ser inmenso, ya que sólo los mejores especialistas orfebres europeos pudieron realizarla, lo cual evidencia la importancia que concedían a esta reliquia.
Según diversos estudios realizados, la antiguedad del vaso superior se encontraría efectivamente entre el siglo II antes de Cristo y el siglo I de nuestra era y su factura es propia de algún taller de Egipto, Siria o de la misma Palestina, por lo que bien pudo estar en la mesa de la Santa Cena.
Más de once siglos acompañando a la Corona de Aragón por los caminos de la historia
Desde su llegada a Huesca, el Santo Grial estuvo íntimamente ligado al nacimiento y consolidación del Reino de Aragón, como si uno y otro hubiesen estado destinados a recorrer juntos el mismo camino. Durante más de once siglos el Grial fue testigo y compañero de viaje de la Corona de Aragón por los caminos de la historia, habitando en sus monumentos románicos más emblemáticos. Es seguro que algunos lugares por los que transitó no han quedado reflejados en la historia debido a su fugaz estancia, pero en muchos sitios, si sabemos observar, podremos ver claras alusiones al mismo.
33 - 258: De Jerusalén a Roma
Aunque no se puede precisar con certeza cómo llegó el Santo Cáliz desde Jerusalén a Roma, distintas fuentes consideran que lo más probable es que tras la última cena quedara en manos de los discípulos San Marcos y San Pedro, los cuales se encargaron de llevarlo de Jerusalén a Antioquía, de allí a Éfeso y finalmente a Roma, cuando San Pedro fue a establecerse allí, donde permaneció al menos dos siglos, protegido por los primeros veintidós sucesores de San Pedro, que oficiaron con él las misas.
258 - 553: El diácono San Lorenzo envía el Grial a Huesca
Durante el mandato del emperador romano Valeriano (253-260), concretamente en el año 258, se emprendió una gran persecución contra los cristianos, conminándoles a abjurar de su fe o sufrir la expropiación de sus bienes y la decapitación. Es probable que esta persecución se debiera a la presunción de que los cristianos atesoraban riquezas, mientras el emperador pasaba momentos económicamente delicados, como lo demuestra el hecho de que las monedas que habitualmente eran de plata, pasaran a ser de una ley muy baja, o simplemente de bronce con una delgada capa plateada, hasta llegar en época de sus sucesores a ser totalmente de bronce. El papa Sixto II fue detenido, procesado y decapitado en su propia silla episcopal en las catacumbas de San Pretextato.
De camino a su ejecución, el Papa iba acompañado por su diácono San Lorenzo, administrador de los bienes de la Iglesia, a quien ordenó que los distribuyera entre los pobres y que pusiera a salvo los más preciados bienes, especialmente el Santo Cáliz, que el propio San Pedro había llevado a la capital del imperio. Lorenzo le rogó que le permitiera compartir su martirio, pero él le dijo que también sufriría martirio por Cristo en su momento. Cuatro días después fue martirizado y asado vivo en una parrilla, que desde entonces pasó a ser el símbolo laurentino por antonomasia, siendo posteriormente santificado y convirtiéndose en el patrón de Huesca. Antes de su muerte consiguió cumplir el encargo del Papa, repartiendo las riquezas entre los pobres para que no fueran a parar al emperador, a excepción del Santo Cáliz, objeto importante para su propia fe y para la continuidad del cristianismo, que envió a su ciudad natal dos días antes de su martirio a través de un legionario de su confianza, junto con una carta para sus nobles padres San Orencio y Santa Paciencia, que vivían cerca de Huesca en su granja y casa de Loret, en el lugar en que hoy se alza la ermita de Loreto, y donde se cree que se guardó inicialmente, según sostiene la tradición y corroboran los mejores investigadores en la materia.
553 - 711: Traslado a la nueva Iglesia de San Pedro el Viejo
El año 553 el Grial es trasladado a la Iglesia de San Pedro el Viejo de Huesca, que acababa de ser construída por el Obispo Vicencio con el fin de contener la sagrada reliquia, y donde reposó hasta el año 711. La iglesia se construyó sobre un anterior monasterio benedictino, construído a su vez sobre un templo visigodo que sustituyó a una iglesia de la época romana. La Iglesia de San Lorenzo también fue construída por el obispo Vicencio en la misma época. Es significativo que tanto esta nueva iglesia de San Pedro el Viejo como otros templos, monasterios, iglesias y catedrales en los que reposó el cáliz o que se construyeron para albergarlo, están dedicados a San Pedro, el primer Papa y primer custodio del Grial.
711 - 1014: Estancia en Yebra de Basa, San Pedro de Siresa y San Adrián de Sásabe
Una nueva crisis sacude a la cristiandad en forma de invasión árabe capitaneada por Tarik y Muza, y facilitada según los cronistas por el traidor conde Don Julián (el hombre mas malo del mundo), que ostentaba el mando en la plaza de Ceuta, y que tras su muerte fue enterrado a la puerta de la Iglesia de San Pedro de Loarre, para que todo el mundo pudiera pisotear su tumba. El avance de los musulmanes es imparable, llegando hasta el sur de Francia.
El entonces obispo de Huesca, San Acisclo, huye hacia el norte en el 711, junto con su sobrina Santa Orosia, llevando consigo el Grial. Hacia el año 715, según la tradición, el Santo Cáliz permanece temporalmente oculto en la casi inaccesible Cueva-Ermita de Yebra de Basa, disimulada gran parte del año por una gran cascada de agua. En el año 833, la sagrada reliquia pasa a buen recaudo en el recién construído Monasterio de San Pedro de Siresa, antiguo cenobio visigótico, que es declarado nueva sede episcopal de Aragón el año 922, estando al frente el obispo Ferriolo. Con posterioridad, los obispos del todavía Condado de Aragón (pues aún dependía de Navarra) y el Santo Grial se ubican en la poco conocida Iglesia de Santa María de Sásabe, cuyos restos se encuentran bajo la actual Ermita de San Adrián de Sásabe, y que el año 992 se convertía en sede del primer obispado de la Reconquista.
1014 - 1044: Estancia en Bailo
Durante este período el cáliz debió descansar en el pequeño pueblo de Bailo, pues allí se llevó la Iglesia de la Corte. Sobre sus ruinas se construyó la actual iglesia, también dedicada a San Pedro.
1044 - 1076: San Pedro de Jaca, la Catedral del Santo Grial
El rey Ramiro I estableció la capital del incipiente Reino de Aragón en Jaca y formó el proyecto de hacer una catedral "tan suntuosa que no haya otra mejor", y lo sería para el Aragón de aquella época, una catedral construída por y para el Santo Grial, por eso será consagrada a San Pedro, y por eso le hará donación de trece pueblos en memoria de los comensales de la Última Cena. En un capitel de la lonja pequeña de la Catedral puede verse todavía la inscripción Sistus que relata la historia de San Lorenzo y la entrega del cáliz que le hizo el papa Sixto II. El obispo García, último de los obispos aragoneses de Sásabe, hijo de Ramiro I y custodio del Grial, fue el encargado de trasladar la reliquia a Jaca el año 1044, aunque debido a enfrentamientos con su hermano Sancho Ramírez, finalmente marchó como obispo a Pamplona, siendo sucedido en sus cargos por Pedro de Jaca.
1076 - 1399: Más de trescientos años en San Juan de la Peña, surgen las primeras leyendas
Pedro de Jaca, el nuevo custodio del Grial, renuncia a su cargo de obispo en 1076 y retorna a su monasterio de origen, San Juan de la Peña, cuna del Reino de Aragón, llevando consigo el Santo Grial, que permanecerá allí hasta el año 1399. Este traslado dió lugar a un importante conflicto entre los obispos de Jaca, que trataron de recuperar el cáliz a toda costa, y los monjes de San Juan de la Peña, apoyados por el Rey de Aragón y por el Papa, que querían guardarlo en el monasterio, conflicto que a punto estuvo de generar una revuelta social. El conflicto se resolvió finalmente a favor del monasterio, al pasar este a depender directamente de la Santa Sede.
Es precisamente durante este período de estancia del Grial en San Juan de la Peña cuando surgen durante el siglo XI las primeras leyendas y obras caballerescas en torno al cáliz de la última cena, extendiéndose por toda Europa y apareciendo versiones alemanas, francesas, castellanas, islandesas, italianas . . . , con derivaciones como Lancelot, el rey Arturo y los caballeros de la Tabla Redonda, Queste del Saint Graal, Parzibal, Tristán, Ginebra, el mago Merlín o la espada Excalibur. En este monasterio se daban elementos susceptibles de ser incorporados a la tradición griálica, como el repetitivo tema de los monjes custodios, que como rezan las leyendas, vivían más de cien años por la contemplación del Santo Cáliz. La ubicación del monasterio bajo una imponente roca, contribuye también a conjeturar sobre su enigma. Una fuente con forma de cáliz se dice que se erigía en el centro de su espectacular claustro, lo que recuerda que el Grial también contuvo el agua que manó de las heridas del costado de Cristo.
Investigaciones históricas recientes realizadas por el historiador alemán de la Universidad de Göttingen, Michael Hesemann, demuestran que la descripción de lugares, detalles arquitectónicos, paisajes y personajes que aparecen en los poemas épicos medievales, como Parzibal (que relata la vida de Sir Perceval, caballero de la Mesa Redonda y de la corte del rey Arturo, y su búsqueda del Santo Grial), coinciden sorprendentemente con la descripción y los detalles arquitectónicos de este monasterio, y con lugares, paisajes y personajes históricos españoles de la época, por lo que el Grial al que aluden poemas y leyendas era el que se guardaba en San Juan de la Peña. Incluso la inscripción árabe de la peana del Santo Cáliz aparece mencionada en el poema Parzibal. Es sumamente importante recalcar que el término lingüístico "grial", utilizado en los libros medievales de caballería para referirse al Santo Cáliz, es de orígen ibérico, y era el que empleaban las gentes de los lugares próximos a San Juan de la Peña para referirse a un cáliz.
Probablemente, el hecho de que Sancho Ramírez se uniera a la corriente innovadora oficialista de Roma, favoreció la difusión de estas leyendas caballerescas, a través de peregrinos y juglares que transitaron por la gran vía de intercambio de ideas que era el Camino de Santiago. Alfonso I el Batallador, fue uno de los monarcas aragoneses que más protegió este monasterio. Caballero templario del Grial, según la tradición oral, tras la batalla de Fraga y supuestamente herido de muerte, se refugió en el monasterio y misteriosamente logró sobrevivir, apareciendo más rejuvenecido y guerrero que nunca.
1399 - ¿?: Traslado al Palacio Real de la Aljafería de Zaragoza
El 29 de Agosto de 1399 el rey aragonés Martín I el Humano, convencido de la autenticidad del Santo Cáliz, solicita la preciosa reliquia al Abad de San Juan de la Peña, ofreciéndole a cambio un magnífico cáliz de oro, y el Grial es trasladado a Zaragoza, a las capillas reales del Palacio Real de la Aljafería. Años después lo llevó consigo a su residencia de Barcelona, donde a la muerte del monarca, en 1410, aparece documentado en el inventario de reliquias de la Corona de Aragón. Tras la muerte del Rey sin descendencia y sin nombrar un sucesor aceptado, y en virtud del Compromiso de Caspe de 1412, la sucesión pasa a su sobrino Fernando de Antequera, infante de Castilla. Se producía así la introducción en el trono aragonés de una dinastía castellana.
Es muy significativo que la llegada al trono aragonés de una dinastía castellana, a raíz del Compromiso de Caspe de 1412, aconteciera pocos años antes de que el Santo Cáliz abandonara para siempre las tierras aragonesas, con consecuencias como la de que el castellano pasara a ser el idioma de la corte, y el idioma aragonés quedara relegado a la clase baja, comenzando su desaparición paulatina en favor del castellano, lo cual no hace sino confirmar nuevamente el común destino del Grial y del Reino de Aragón.
1437 - 1809: Llegada a Valencia
El 18 de Marzo de 1437, el rey de Aragón Alfonso V el Magnánimo, hijo y sucesor de Fernando de Antequera, que sentía especial predilección por Valencia, envió allí el Santo Grial, ya que Valencia también pertenecía en aquel tiempo a la Corona de Aragón. Lo llevó Juan II, rey de Navarra y gobernador de Aragón y Valencia, que lo depositó en el Palacio Real de Valencia.
Un año después, en 1438, el cáliz es entregado a la Catedral de Valencia, como garantía de un préstamo que el rey Alfonso V de Aragón solicita a la Catedral y al Consejo de la ciudad de Valencia, dada la imperiosa necesidad de fondos que tenía el monarca con los que costear la Guerra de Nápoles. Ni este Rey ni sus sucesores Fernando el Católico y Carlos I pudieron rescatarlo, y de este modo el cáliz quedará definitivamente custodiado y venerado en la Catedral de Valencia.
Durante largo tiempo fue custodiado en una estancia interior de la Catedral poco accesible al público, junto a otras reliquias, en la llamada Capilla de Reliquias, y sólo se exponía publicamente durante la Semana Santa. El 3 de Abril de 1744, durante los oficios del Viernes Santo, se le cayó y rompió en dos mitades al Arcediano Mayor y canónigo de la Catedral, Vicente Frígola Brizuela, siendo recompuesto de inmediato por el maestro platero Luis Vicent.
1809 - 1813: Peregrinaje durante la invasión napoleónica
En 1808 Napoléon invade España, y en 1809 el Grial inicia un inquieto peregrinaje con el objeto de mantenerse a salvo de las profanaciones y rapacidad de sus tropas, así como de la posterior Guerra de la Independencia. Durante este peregrinaje visitó Ibiza, Palma de Mallorca y Alicante.
1813 - 1939: Vuelta a Valencia y nuevos peligros
El Santo Grial vuelve a Valencia en 1813, donde continuará siendo poco accesible al público durante muchos años, hasta que el 6 de Enero de 1916 es expuesto públicamente por primera vez en el que será su lugar definitivo, la llamada Capilla del Santo Cáliz, antigua Sala Capitular de la Catedral de Valencia. A finales de la segunda república española, un grupo masónico judío de París se interesó por la pieza, con la intención de trasladarla a la capital francesa, pero la masonería valenciana, muy interesada en mantenerla en Valencia, la ocultó temporalmente. El golpe de estado del general Franco y la guerra civil que provocó pusieron en grave peligro al Santo Cáliz, ya que tres horas antes del incendio y saqueo de la Catedral de Valencia fue sacado de allí, disimulado en el interior de unos periódicos, y escondido después en el pueblo de Carlet, donde pasó la mayor parte de la contienda.
1939 - Hasta la actualidad: Permanencia ininterrumpida en Valencia
Desde el comienzo de la dictadura y hasta la actualidad, el Santo Cáliz es expuesto nuevamente de forma ininterrumpida en la Capilla del Santo Cáliz de la Catedral de Valencia. Durante este tiempo la capilla ha ido enriqueciéndose con sucesivas aportaciones, especialmente con la de 1992, en la que se añadieron dieciséis imágenes a las peanas vacías del altar, las de los doce apóstoles, el papa Sixto II, el santo aragonés San Lorenzo, y los santos valencianos San Valerio y San Vicente. En su visita a Valencia en Noviembre de 1982, y a petición propia, el papa Juan Pablo II utilizó el Santo Cáliz de Valencia para celebrar la eucaristía durante una misa pública celebrada al aire libre. También Benedicto XVI celebró la eucaristía con este cáliz, en una misa multitudinaria celebrada durante su visita a Valencia el 8 de Julio de 2006.
El Grial interior
La frase con la que se despide el vídeo incluído en este documento, incide en un concepto que siempre ha formado parte de la tradición griálica, que detrás de los afanes de conocimiento, sabiduría, nobleza y justicia que acompañaban a los caballeros medievales en la búsqueda del Grial, había otro Grial, el Místico, que solo el esfuerzo de la misma búsqueda les permitía reconocer en su propio interior, por eso resultaba tan difícil llegar hasta él. El Grial Interior simboliza la existencia en cada persona de una porción de divinidad, con toda la responsabilidad que ello implica, un camino de vuelta a nuestro propio origen, la moraleja final de los poemas épicos medievales, donde los héroes terminan por descubrir que el Grial sólo sirve a aquellos que ya no lo persiguen, aquellos que durante la búsqueda iniciada para calmar la sed de su espíritu, observan que cada vez tienen menos sed, porque la verdadera fuente que mana aguas vivas está en su interior.
Es el mismo concepto reflejado en muchas otras culturas, aparentemente muy distintas de la nuestra, como la hindú:
Hubo un tiempo en que todos los seres humanos eran dioses, pero hicieron tan mal uso de su divinidad que Brahma, el señor de los dioses, decidió quitarles su poder y esconderlo en un lugar donde nunca pudieran encontrarlo, el gran problema era encontrarle un escondite.
Los dioses menores fueron convocados a un consejo para solucionar el problema, y propusieron esconder la divinidad del hombre en la profundidad de la tierra, pero Brahma contestó que eso no serviría de nada, porque el hombre cavaría, perforaría y la encontraría finalmente.
Entonces pensaron que podían esconderla en lo más profundo de los océanos, pero Brahma contestó de nuevo que no, porque el hombre exploraría los fondos de todos los mares y océanos, y acabaría por encontrarla.
Los dioses menores tuvieron que reconocer que no sabían dónde esconderla, porque no existía ningún lugar en la tierra o en el mar que el ingenio del hombre no le permitiera alcanzarlo tarde o temprano.
Entonces Brahma decidió esconderla en lo más profundo del ser humano, porque era el único lugar donde jamás se le ocurriría buscarla.
Desde entonces hemos dado la vuelta a la Tierra, explorado el espacio, escalado, cavado y sumergido, a la búsqueda de algo que está en nuestro interior.
Foto de encabezado: Fachada Sur de la Catedral de San Pedro de Jaca